De tanto esperar,
A veces siento que
Mi alma se desespera
Ante tu presencia
dulce, y,
Reluciente. Divina y
celestial
Imitando al mismísimo
sol, ardiente y único.
Sereno, paciente y
Solitario.
Pero mi triste alma
herida, me grita
Atormentándome y
haciendo que no pueda
Decirte nada. No está
tranquila. Y llora
Usándome como escudo
se refugia. Es inútil. No le sirve.
La fuerza de su voz
me aturde y me impide
Escuchar el exterior,
las voces suaves...
Su dolor me lleva y
de a poco me consume.
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